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llamada Evita (Los Toldos, Buenos Aires 1919 - Buenos Aires 1952) Política argentina. Actriz de radio y cine, contrajo matrimonio en 1945 con Juan Domingo Perón*, ministro de Trabajo. Cuando un año después su esposo alcanzó la presidencia, Evita se convirtió en su principal propagandista y en líder carismática de las clases populares argentinas, a las que ella se refería con el nombre de «descamisados». Su figura, viva aún en el recuerdo de muchos de sus compatriotas, ha dado lugar a una famosa obra musical y a varias películas.

La enfermedad que consumía a Eva Perón, el cáncer de útero, avanzaba inexorablemente y en el último trimestre de 1951, Perón supo la noticia de su inevitable muerte con certeza y poco después se dió un comunicado oficial. El general Menéndez, uno de los principales instigadores para derrocar a Perón, hizo un intento de golpe de estado, pero fracasó porque parte del ejérciro no lo quiso seguir y por otra parte, los obreros levantaron barricadas por Buenos Aires. Se quiso ocultar la noticia a Evita, debido al mal estado en que se encontraba, pero al final, hablando con su marido, se enteró, insistiendo en dar las gracias a los trabajadores que con su movilización impidieron el golpe de estado, en un discurso dramático de Eva Perón, el último de su vida, y durante el que Perón tuvo que sujetarla por la cintura pues apenas se tenía en pie y donde el Presidente de la nación aprovechó para agradecer públicamente todo el trabajo que Eva Perón había hecho dentro del movimiento peronista y elogiándola al máximo en todas sus actuaciones.

llegó el día 26 de julio de 1952 a las 8 : 25 de la tarde, en compañía de su marido, su familia y parte del gobierno, habiendo entrado en coma horas antes. El pueblo se mantuvo alrededor de la casa, sufriendo una intensa lluvia y cuando se dió el comunicado de su muerte, hubo un gran llanto colectivo, pues el pueblo sentía que perdían a la única persona que se había interesado realmente por ellos.

El cadáver de Eva Perón fue embalsamado por el Dr. Pedro Ara, famoso embalsamador español, que había embalsamado anteriormente a Lenin. . El Dr. Pedro Ara hizo un primer trabajo durante toda una noche, recién muerta Eva y con permiso de Perón, pues si no se empezaba a tiempo, no se podía hacer bien. Luego su trabajo completo duraría dos años más. El Dr. Ara dejó en las manos de Evita el rosario de plata y madreperla que le regaló el Papa en su visita al Vaticano. El cuerpo de Eva Perón, dentro de su ataúd con la tapa de cristal, fue depositado durante unos días en el Ministerio de Trabajo. Más de dos millones de personas desfilaron en menos de dos semanas para dar el último adiós a la querida Evita. Los tres primeros días de su muerte, todo Buenos Aires quedó paralizado, los únicos negocios que estuvieron abiertos fueron los de venta de flores que cubrían todas las aceras y las calles alrededor del Ministerio de Trabajo. El duelo de toda la nación fue tremendo, pese a que había muchos que lo estaban celebrando pues se habían quitado de encima un enemigo formidable, un tremendo obstáculo para la realización de sus objetivos

 

 

 

Eva peron despues de su muerte

 

Cuando Perón discutió el tema con el Dr. Pedro Ara, éste propuso que necesitaría un sitio seguro en el que no existiera la posibilidad de que hubiera interrupciones y él creía que en el edificio de la CGT eso no iba a ser posible. Sin embargo, como quiera que Perón deseaba cumplir de manera terminante los últimos deseos de su esposa, hizo que la segunda planta del edificio se dedicara a laboratorio para el Dr. Ara, realizándose toda una serie de modificaciones arquitectónicas, de manera que quedara en esa segunda planta una zona disimulada conteniendo el laboratorio de trabajo y el despacho del Dr. Ara, asignándole una guardia policial permanente para controlar la total seguridad del trabajo del doctor.

Pasado el tiempo, pocas personas sabían exactamente dónde había quedado el cadáver de Evita (sus tres hermanas la pudieron visitar por primera vez el 26 de octubre de 1952 y lo seguirían haciendo semanalmente y un asiduo visitante fue el doctor Raúl A. Mendé) e incluso empezaron a circular muchos rumores acerca de su destino, rumores llenos de falsedades, pues se decía incluso que el cadáver que se espuso durante los funerales, no era auténtico, o que sólo la cabeza y muchas cosas más. Lo cierto es que el Dr. Ara estuvo trabajando minuciosamente día a día, pues había firmado un contrato con el gobierno para la realización de tal trabajo, valorados sus honoraios en 100.000 dólares ya que una vez terminado, debería ser depositado en la cripta del Monumento que también, poco antes de morir Eva, el gobierno en pleno decretó que se construiría

Sin embargo, esa construcción se comenzó muy lenta y al final no se llegó a hacer. La situación política se fue deteriorando y cuando en septiembre de 1955 Perón fue finalmente derrocado, el trabajo del Dr. Ara, de cuyo conocimiento, cada vez eran menos los que lo sabían, empezó a suponer un problema. Sin embargo, cuando el 16 de junio de 1955 se inició el golpe de estado bombardeando los aviones el palacio gubernamental, el edificio de la CGT fue totalmente respetado pues sabían que allí se encontraba el cadáver de Eva Perón. Fue por estas fechas cuando muchos obreros y dirigentes de la CGT decidieron pedir permiso al Dr. Ara para ver el cadáver de Eva Perón y grande y tremenda fue la sorpresa de la mayoría al ver a su querida abanderada, que parecía que estaba durmiendo, después de haber pasado más de tres años desde su muerte.

Como quiera que cada vez se veía con más claridad que para el nuevo gobierno, el cadáver de Eva Perón suponía un problema, el Dr. Ara en previsión de que se pudiera destruir el cadávez decidió hacer, en compañía de dos médicos que le ayudaron, radiografias seccionadas desde la cabeza a los pies de todo el cuerpo de Evita, cosa que poco tiempo después realizó el propio gobierno (que ya había pasado en pocos meses del General Lonardi al General Aramburu), coincidiendo plenamente las radiografías como prueba irrefutable de la existencia del cadáver totalmente embalsamado por fuera y por dentro de Eva Perón. Por otra parte, a través de las radiografías, el dentista identificó los dientes de Eva Perón así como otros cirujanos reconocieron las cicatrices de sus operaciones. Es decir no quedaba ninguna duda de que se trataba de Eva Perón.

En los días sucesivos, cada vez era más patente una cierta hostilidad a todo lo que representaba el segundo piso del edificio de la CGT. Incluso hubo connatos periodísticos de difamación hacía el Dr. Ara y las últimas autoridades peronistas, en el sentido de dejar caer la noticia de que se habían pagado 300.000 dólares en vez de 100.000 y toda la relación con el gobierno se fue empeorando poco a poco, llegando a sugerir la necesidad de hacer la autopsia al cadáver de Eva Perón para que el nuevo gobierno estuviera seguro de que se trataba de "La Señora". El Dr. Ara se opuso enérgicamente presentando por escrito sus quejas al mismo gobierno. Finalmente la noche del 23 al 24 de noviembre de 1955, en presencia del Dr. Ara, militares, guardias y algunos obreros de la CGT como testigos, en una operación al mando del teniente coronel Moori Koenig, el cadáver de Eva Perón fue depositado en el sarcófago en el que estuvo expuesta al pueblo durante el funeral y, aunque en conversaciones entre Moori Koenig y el Dr. Ara se habló de que se soldaría, esto no se hizo alegando que era muy tarde de madrugada y no habían llegado los soldadores, pero no sólo eso sino que ni siquiera se pudo cerrar el sarcófago con llave pues en la cerradura había una llave rota y no se podía usar. El teniente coronel Moori Koenig le dijo al Dr. Ara que no se preocupara que al día siguiente terminaría la operación, pero lo cierto es que ese día siguiente nunca llegó.

 

 

Sin embargo, esa construcción se comenzó muy lenta y al final no se llegó a hacer. La situación política se fue deteriorando y cuando en septiembre de 1955 Perón fue finalmente derrocado, el trabajo del Dr. Ara, de cuyo conocimiento, cada vez eran menos los que lo sabían, empezó a suponer un problema. Sin embargo, cuando el 16 de junio de 1955 se inició el golpe de estado bombardeando los aviones el palacio gubernamental, el edificio de la CGT fue totalmente respetado pues sabían que allí se encontraba el cadáver de Eva Perón. Fue por estas fechas cuando muchos obreros y dirigentes de la CGT decidieron pedir permiso al Dr. Ara para ver el cadáver de Eva Perón y grande y tremenda fue la sorpresa de la mayoría al ver a su querida abanderada, que parecía que estaba durmiendo, después de haber pasado más de tres años desde su muerte.

Como quiera que cada vez se veía con más claridad que para el nuevo gobierno, el cadáver de Eva Perón suponía un problema, el Dr. Ara en previsión de que se pudiera destruir el cadávez decidió hacer, en compañía de dos médicos que le ayudaron, radiografias seccionadas desde la cabeza a los pies de todo el cuerpo de Evita, cosa que poco tiempo después realizó el propio gobierno (que ya había pasado en pocos meses del General Lonardi al General Aramburu), coincidiendo plenamente las radiografías como prueba irrefutable de la existencia del cadáver totalmente embalsamado por fuera y por dentro de Eva Perón. Por otra parte, a través de las radiografías, el dentista identificó los dientes de Eva Perón así como otros cirujanos reconocieron las cicatrices de sus operaciones. Es decir no quedaba ninguna duda de que se trataba de Eva Perón.

En los días sucesivos, cada vez era más patente una cierta hostilidad a todo lo que representaba el segundo piso del edificio de la CGT. Incluso hubo connatos periodísticos de difamación hacía el Dr. Ara y las últimas autoridades peronistas, en el sentido de dejar caer la noticia de que se habían pagado 300.000 dólares en vez de 100.000 y toda la relación con el gobierno se fue empeorando poco a poco, llegando a sugerir la necesidad de hacer la autopsia al cadáver de Eva Perón para que el nuevo gobierno estuviera seguro de que se trataba de "La Señora". El Dr. Ara se opuso enérgicamente presentando por escrito sus quejas al mismo gobierno. Finalmente la noche del 23 al 24 de noviembre de 1955, en presencia del Dr. Ara, militares, guardias y algunos obreros de la CGT como testigos, en una operación al mando del teniente coronel Moori Koenig, el cadáver de Eva Perón fue depositado en el sarcófago en el que estuvo expuesta al pueblo durante el funeral y, aunque en conversaciones entre Moori Koenig y el Dr. Ara se habló de que se soldaría, esto no se hizo alegando que era muy tarde de madrugada y no habían llegado los soldadores, pero no sólo eso sino que ni siquiera se pudo cerrar el sarcófago con llave pues en la cerradura había una llave rota y no se podía usar. El teniente coronel Moori Koenig le dijo al Dr. Ara que no se preocupara que al día siguiente terminaría la operación, pero lo cierto es que ese día siguiente nunca llegó.

No sería hasta el sábado 4 de septiembre de 1971 que el Dr. Pedro Ara volvería a ver el cuerpo de Eva Perón, cuando fue llamado a la casa del General Perón, exiliado en España y casado con Isabel Martínez, para reconocer el cadáver que había sido devuelto a su esposo. Allí procedieron a abrir el sarcófago y tomar nota del deterioro que en esos años había sufrido. En líneas generales todo el deterioro se debía a golpes contra las mismas paredes del sarcófago aparte de estar todo manchado por haber entrado tierra, como muestra de haber sido enterrado en lugar de conservado en una cripta. Los cabellos húmedos y sucios fueron limpiados y peinados cuidadosamente por la actual esposa de Perón y en el interior de la caja se halló el rosario que le regalara el Papa en su visita a Europa así como el escudo peronista grabado con joyas y de un alto valor económico, que podía haber sido robado, pero no lo fue. Como quiera que se escribieron muchos rumores acerca de la profanación del cadáver de Eva Perón, el Dr. Ara con su examen dejó claro que no había sido profanado y que todos los desperfectos se derivaban de un manejo descuidado del féretro en sus idas y venidas hasta que fuera enterrado en un cementerio de Milán.

El robo del cadáver de Eva

El coronel Arandia fue uno de los encargados de la "operación" planeada por los funcionarios del régimen gorila para secuestrar el cadáver de Eva Perón, custodiado por la Confederación General del Trabajo, y eliminarlo "del modo más conveniente". Este suceso tuvo lugar en la madrugada del 16 de noviembre de 1955.
Desde esa fecha, Arandia comenzó a padecer alucinaciones. El mismo se encargó de contar a sus amigos el modo como se hicieron cargo del cadáver, y lo ocurrido aquella madrugada en que un pequeño grupo de personas, llevadas por el odio, vejaran el cuerpo de una mujer muerta tres años atrás. Designado posteriormente gobernador-delegado por el Poder Ejecutivo Federal en actividad, el coronel Arandia comenzó a enfrentarse con su conciencia.
En numerosas ocasiones trascendió que solía despertarse en medio de sus agitados sueños gritando: ¡Basta!, ¡basta! Por ese camino llegó a imaginarse a Eva Perón presente en cada momento de sus días. En infinidad de ocasiones, durante las noches, abandonaba su residencia y se dirigía, en automóvil, a gran velocidad hacia los cerros próximos a la ciudad, o salía a campo abierto, "Iba a olvidar", decía a los suyos.
"Cuando maté a mi mujer", declaró ante el juez militar, "yo tiraba contra un fantasma cuyo rostro era el de Eva Perón".
Pero no fue condenado. La justicia no hubo de intervenir más que en esa ocasión. Una mañana, antes de que finalizara ese mismo mes de febrero, Arandía se vació de un balazo la sien derecha. Más no se había dado muerte a sí mismo. A él le mató un cadáver. Un cadáver que pesa trágicamente en la vida política contemporánea de Argentina y que se yergue como una dura amenaza para cualquiera que gobierne el país: Eva Perón.
Lo han demostrado así, recientemente, en Buenos Aires, los diputados integrantes del bloque justicialista del Congreso Nacional. Al exigir la formación de una comisión investigadora, encargada de encontrar el cuerpo desaparecido de Evita, desataron una verdadera ofensiva de todos los sectores gorilas, y el ministro del Interior, doctor Palmero, tuvo que realizar arduas gestiones para evitar que la oposición apoyando la demanda del justicialismo lo sometiera a un debate sobre el caso, Ricardo Balbín, jefe del partido radical del pueblo, dijo a un periodista de la revista "Leoplán"; "Luego de la renuncia de Onganía, el cadáver de Eva Perón nos ha puesto en un trance muy duro".

 

 

Los que participaron en el robo del cadáver

Quien esto escribe debió soportar la persecución de la policía argentina en 1957, año en que se realizó una investigación (la más completa hecha hasta entonces) con el objeto de documentar debidamente el modo como se habían retirado los restos de Eva Perón, de la CGT, y su destino posterior. Fue una misión puramente periodística desprovista de toda otra finalidad que no fuese la de aclarar un "caso" que apasiona a millones de hombres y mujeres, no tan sólo de Argentina, sino de América del Sur y también de Europa.
Y no otra sigue siendo su voluntad: no descansar hasta que se conozca la verdad. En aquella oportunidad, el periodista consiguió entrevistar a diversas personas y tomar contacto con algunos de los hombres a cuyo cargo estuvo el secuestro y traslado de los restos mortales. Los responsables directos de la operación fueron el general Quranta (jefe de la Secretaría de Informaciones de Estado: SIDE), los coroneles Arandia y Moor Koening designados por el Servicio de Inteligencia del Ejército: SIE), y los capitanes de navío Francisco Manrique (a la sazón jefe de la Casa Militar de la Presidencia de la Nación) y Gustavo Favarón (del Servicio de Informaciones Navales: SIN).
Incidentalmente, participaron el jefe de la policía de la provincia de Buenos Aires, el tristemente célebre Desiderio Fernández Suárez quien en la noche del 9 de junio de 1956 "fusiló", por su cuenta y riesgo a 10 trabajadores peronistas y el director de Coordinación Federal, de la Policía Federal Argentina, coronel Schettini. De entre ellos más adelante se verá hay uno que también ha perdido la razón desde aquel penoso suceso y se ha entregado a una vida deplorable y humillante.